En Villa Ángela, ya es habitual escuchar en pasillos y redes sociales una frase que describe el poder centralizado en el municipio: «Él tiene la lapicera, él decide». Esta afirmación, repetida con insistencia por un concejal, revela una verdad incómoda: la administración de los recursos del pueblo estaría supeditada a la voluntad de una sola persona.
Este centralismo no tardó en evidenciarse en el último proyecto de pavimentación impulsado por el Ejecutivo. Lo curioso es que dicha pavimentación ya había sido aprobada mediante una ordenanza anterior, lo que plantea la pregunta: ¿por qué volver a someterla a la aprobación del Concejo? La respuesta podría hallarse en los cambios sospechosos introducidos en la propuesta actual, que dejan fuera cuadras esenciales y, según denuncian vecinos, priorizan beneficiar a familiares, amigos y aliados del poder.
¿Quiénes quedan afuera?
Una de las críticas más contundentes apunta a que, en esta nueva versión del proyecto, se excluyen calles clave que conectan con instituciones educativas y de salud que vienen solicitando mejoras desde hace años.
Los vecinos afectados se sienten burlados y denuncian una falta de criterio que podría tener motivaciones más políticas que urbanísticas.
“El pavimento no es un lujo, es una necesidad. Las escuelas y los centros de salud deberían ser prioridad, pero parece que el proyecto se arma según intereses personales y no según las necesidades de la comunidad”, expresó un vecino cuya cuadra quedó fuera del plan pese a estar frente a una escuela.
El poder de la lapicera: ¿Quién decide por todos?
Este episodio pone nuevamente en debate el manejo discrecional de los recursos municipales. ¿Hasta qué punto puede una persona decidir el destino de las obras públicas sin consultar con quienes más las necesitan? Y, más grave aún, ¿es legal reconfigurar proyectos ya aprobados por el Concejo sin brindar explicaciones claras?
En la práctica, parece manejar los recursos con el mismo criterio con el que un monarca asignaría favores en su corte: los aliados políticos y familiares obtienen beneficios, mientras las instituciones esenciales quedan relegadas.
El silencio cómplice y la voz de los vecinos
Mientras el Ejecutivo continúa avanzando con su proyecto cuestionado, el silencio de algunos genera aún más suspicacias. ¿Por qué no alzan la voz ante lo que muchos consideran un atropello? Las redes sociales ya comenzaron a manifestar su descontento y exigen explicaciones claras sobre las prioridades del municipio.
En tiempos en los que la transparencia y la participación ciudadana deberían ser pilares de cualquier gestión, Villa Ángela parece quedarse atrapada en las viejas prácticas del “yo decido y ustedes acatan”. La comunidad pide un cambio: que la lapicera deje de ser el símbolo del poder personalista y se convierta en una herramienta para escribir un futuro más justo y equitativo para todos.